viernes, 30 de diciembre de 2011

Caminito que el tiempo ha borrado...


Este vacío sin freno que se aumenta al no saber de vos
Este patético miedo incontrolable
Estas cenizas que rebozan el mesón
Esto que nunca quise y que sucede sin tener el control
Esto, esta manía loca de imaginar labios ardidos
Y soñar persecuciones interminables
Ese animal consumidor que me devora las entrañas sin saber el porqué...

Tanto por hacer,
me pasé años calculando una sobredosis de nunca más que hoy queda acumulada bajo el letrero del subte que dice "no arrojar basuras"...
Irónico, irónico todo lo que se mueve aquí, en este país, capital del submundo dónde las viejas que caminan en los parques parecen sacadas de películas Thriller y los pibes de los bares están más buenos que una cerveza helada en medio del verano en pleno furor.

Patético, la palabra del día. Tengo el cuerpo rostizado por un sol de treintayseis grados pero me arde el silencio de tu voz.
Vos... no logro definirme ¿sabes? Mi karma, querido, entre más crezco más inmadura soy.
Soy una Colombia tallada en piedra, reniego de mi patria, de mi madre y a su imagen me multiplico.
Tan mestiza que ni se quien soy.
Tan colonizada que ni gobierno mi propio Yo.
Tan perdida que el hogar extranjero me sabe mejor.

Harta,
De mi cuerpo y de mi sangre,
de la misma pregunta, combinación errónea, me olvidé la clave...
De las noches en vela, del traje elegante
De querer ser la más bella, de un futuro intrigante...

Cuantas respuestas quisiera tener, pero La verdad me derrumba y me retumba al oído dejándome sorda en el ímpetu silencio de mi soledad, entre más recuerdo más confundida me encuentro.

Amo como tu ruido ahoga mi voz
Amo como descanso cuando estoy con vos
Tanto de mi es como exceso de alcohol, tené cuidado loco que puedo matar sin intención.
Y ahora ¿qué? ¿que será de los dos?
De mis razonamientos culos y mi insaciable corazón...

No tengo ganas de nada, de vivir o morir, de escuchar tu voz...
Se acaba este año, ojalá en el próximo aparezcas vos.


Diciembre 30 - Buenos aires, Argentina.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Epístola de ayer

No se si fue el olor a carretera y café, a madera mojada o a veraneras rosa piel. No se si fue tu rostro, la aurora o la magia de este mes, no se si fueron tus besos, tus peros o tus lágrimas de ayer.
No entiendo si sube o si baja, no entiendo si está al derecho o al revés, no se si es virtud o pecado, no se si será la vejez. Me asusta tu cara en la mía, esa extraña manía de apreciar tu desnudez, la incapacidad de ser fría y la cara osadía de enfrentarme a la ausencia de tus manos y pies.
Se entumece mi espalda y sin precisión, diviso tu cara y respiro tu humor. Se escucha la radio, mi estufa y tu padre, a lo lejos mi casa, a la izquierda tus planes.
Las veredas, los pastos, los tombos de ayer, dos pruebas de alcoholemia y gemidos en la chaise d’arriere.
Se atan los cabos sueltos, comienzo a entender, baja poco a poco la neblina y me río sin querer. No se si fuiste tu si fui yo, si fue el majestuoso cocora, el exeso de frío, el sonido del obturador, no se si estoy preparada, no se si es temor, me siento tan renovada, tan libre, tan YO.
Los frenos del carro, el cielo multicolor, villancicos en coreano, japonés, español. Tengo tus manos rojas cubiertas de calor, tus zapatos favoritos, mi perfume prendedor. Tienes atornillados los tobillos al pantalón, sabes a bocadillo y sueñas con mi voz, tenemos la luz del vecino, la cama de tu hermano, la noche partida en dos.
Fue tan fuerte el deseo de recorrer mi viejo sol, fue tan triste el camino, tan ajeno el camión. Fue tan dura la espera, tan largo el corredor, tan enceguecedora la luz de afuera, tan sórdida esa otra voz. Fueron tantos los crueles, tan pronto el sarampión, tan ajenas las pieles, tan escondido el amor. Fue tan sola la niña, tan llena de ardor, tan frágil criatura, tan llena de horror…
Fue tanto el olvido, fue más duro el parto, fueron profundas las heridas, fueron cascadas de llanto. Fue tan poco el entendimiento, tan nublado el cuarto, fueron mil quinientas preguntar sin siquiera un entreacto, fue morir de locura, crecer sin reparto, compartir con el espejo, renacer en otros brazos…
Es tan alta tu dulzura, tan luminosos tus ojos, es tan grande tu cama, está tan cerca tu rostro. Es tan buena tu almohada, es tan suave tu nido, es tan buena esta calma, tan lejos el frío.
Fue tan larga mi espera mas eterna es tu mirada, fui tan muerta, tan tuerta, pero hoy volví a ver el alba. Fue el furor de tus dedos, el silencio de tu casa, mi alma tan tuya y sin excesos, tu boca tan melcochada. Fue el calor de tu cuerpo, las piernas entrelazadas, fue amarte sin miedos, sin enigmas y sin paradas, fue volver al primer tiempo, al corazón entero y sin cuchilladas.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Libertad de fresa.

Este frío intrépido que recorre mi cuerpo, esta sonrisa tatuada en tu cara y la mía, esta osada fantasía...
Esta soledad adormecida, la timidez de tu rostro a contraluz en la avenida, las palabras nunca dichas en perfecta sintonía, los planetas alineados en contravía.
Mis manos frías, tus ojos secos, las horas infinitas que habitamos en tu casa, en la mía, en la tierra que ruge de alegría.
Lluvia de colores, armonía de olores, sabores que hipnotizan y suavizan la corteza dura y amarga de la experiencia mal vivida.
Los balcones de las fiestas, el miedo y la cerveza, tu cálida inocencia, hermosa coincidencia...
Se cae la luna sobre mi cabeza, se alzan las anclas de la tristeza ¡Que comience la fiesta! Que se caigan las mentiras, hay una voz gritando CONFÍA, hay regalos llegando en la sequía, están tus dedos de sandía y ese lunar fotocopia mía.
Está tu nombre, ocho letras impresas en cortinas que esconden tu esencia, tu presencia en este bosque de sorpresas, un dulce susurro que despierta, un LIBERTAD en la glorieta.
Hay mucho tráfico, poca natilla, exceso de trabajo y frío sin caricias.
Quiero tus ojos, tu boca, tus silencios inexplicables y tu risa descontrolada, quiero levantarme y verte la cara, oler a ti, a mi, a los dos...
Al perfume de alexandría.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Luna lle-nada

Hermosa luna traicionera, siempre tan grande, tan esbelta, inalcanzable proeza.
Tan mia y tan ajena, su otra cara siempre invisible como tu rostro ausente. Cortina de luz que esconde la silueta de tu cuerpo maldito y manchado una y otra vez...
¿Que paso con la furia y el frenesi que recorrían nuestros cuerpos aquellas noches?
¿Dónde guardaste esa insaciable locura que tanto me extasiaba?
Hace tres lunas que te escondieron tras nubes negras y te fuiste sin decir adiós.
Trajiste lluvia y escondiste el sol, pero hoy brillaste con todo tu esplendor.