Se me perdió una niña, llevaba zapatos de goma rojos y un pañuelo lila enrollado en su cuello que nunca conservaba su olor a vainillia.
Salimos a dar una vuelta, ibamos cantando, soñando con viajar juntas por el mundo cantando canciones, escribiendo poemas y tomando vino. Soñábamos con la brisa, los paisajes y los quesos de bretaña, el modernismo de barcelona, la opera de italia y la magia de París. Caminábamos seguras de que encontraríamos más razones para sonreir que motivos para llorar...
Cuando creo encontrarla vuelvo a perderla, parece que jugáramos a las escondidas sólo que ya no se cual es la que se esconde y cual es la que busca...
sábado, 19 de febrero de 2011
jueves, 3 de febrero de 2011
HUMANOS QUE PIENSAN
Vivimos como fichas de ajedrez sobre un tablero redondo llamado tierra. Nos mueven de un lado para otro, literalmente juegan con nosotros, gritan: “¡Peón muévete!” a lo cual respondemos sin pensar: “Si señor” y una vez somos comidos por el “peón enemigo” soltamos un grito de protesta contra quien nos ordenó en qué sentido debíamos movernos, como si no hubiésemos sido nosotros mismo quienes llegamos por nuestros propios medios a ese lugar.
Vivimos en sociedades gobernadas por el bien individual en vez del colectivo, sociedades enceguecidas por el gran “yo” que se asoma en la ventana del egoísmo y la avaricia y que decide pensar y actuar en pro de él como el todo y no de todos como el todo. Sociedades con líderes hipócritas y corruptos creados por nosotros mismos, por nuestra falta de interés en lo que sucede a nuestro alrededor, nuestras pocas ganas de cambiar la realidad en la que vivimos con tal de no abandonar la comodidad de vivir en un mundo que te dice que hacer y cómo pensar.
¿Pensar? Es una palabra poco clara para nuestra alma, no pensamos, quizás repetimos, imitamos, heredamos y algunas veces miramos pero no pensamos; Y cuando lo hacemos, es un pensamiento manipulado pues solo se nos ha enseñado a pensar en la forma en que quieren que pensemos para que lleguemos a las mismas conclusiones que otros llegaron antes y así no poder ir en contra de ellos. Entonces me pregunto ¿Qué es pensar? Pensar es despojarse de los prejuicios para poder observar, pensar es intentar entender lo que veo y no lo que me enseñaron a ver, pensar es descubrir por mi propia experiencia y no repetir la experiencia colectiva o personal del otro, pensar es conversar con el alma y olvidar la razón.
Crecemos en escuelas que nos enseñan cómo seguir los caminos de la vida y no como crearlos, profesores que nos enseñan que hay una sola y única verdad y que por lo tanto las otras son erróneas, y sin darse cuenta aquellos “maestros” sembraron barreras entre nosotros y el otro; Y entre cifras, nombres y acontecimientos sólo podemos recordar que “el otro está equivocado”. Nos llaman ineficientes e incapaces si no podemos resolver un ejercicio de matemáticas mas si perdonamos a un amigo nadie nos da un 10. Se gradúan grandes jóvenes con dones increíbles para la física, las matemáticas, la economía y la política, jóvenes que lo entienden todo respecto a las leyes del mundo y del funcionamiento anatómico de los seres más extraños, jóvenes que saben hasta el más desconocido nombre de las especies marinas, y sin embargo son jóvenes que no saben amar, perdonar, pedir perdón, sonreír, compartir o respetar. Y son esos mismos jóvenes quienes gobernaran el mundo algunos años después, gobiernos llenos de expertos en el arte de la política, es decir, el arte de engañar. Y puesto que estos gobiernos son manejados por jóvenes carentes de amor, perdón, honestidad, saber compartir… sus gobiernos carecen de lo mismo.
Estamos cansados de nuestra realidad, pero se les enseñan a los niños y a los jóvenes a repetirla, estamos cansados de la injusticia pero los padres siguen siendo injustos en sus hogares, queremos que nos digan la verdad pero no somos honestos cuando se supone deberíamos, estamos cansados de los juicios del otro y sin embargo no hacemos más que juzgar, entonces me pregunto ¿Queremos cambiar o simplemente queremos quejarnos? Para cambiar hay que actuar, para quejarse simplemente hay que abrir la boca. ¿Por qué leemos artículos como estos, creemos en lo que dicen, sentimos lo que el autor siente, nos lamentamos por nuestra deprimente realidad y reflexionamos en que podríamos ayudar, para unas horas después habernos olvidado de esto y así introducirnos de nuevo a la rutina?
Muchos criticaron a Jesús, su vida de nómada mientras enseñaba de un pueblo a otro lo que los colegios y universidades de hoy en día no se atreven a mencionar; muchos lo creen un mártir, tal vez el más grande de todos los tiempos y sin embargo ese mensaje que el trajo al mundo es lo que nos permite coexistir en sociedad sin acabar unos con otros. Qué pasaría si todas esas personas que el mundo a determinado como mártires fueran calificadas como maestros y sus filosofías fuesen de preferencia en las cortes de justicia, juntas de gobierno o salas de las casa?¿ Que sucedería si dejáramos de adorar a nuestros Dioses y maestros y comenzáramos a entenderlos? ¿Porque no dejamos de invertir tiempo en nuestro cuerpo y en nuestra mente y cultivamos el alma? Quizás si dejamos de alimentar la mente y el cuerpo, y nos preocupamos por alimentar el alma también, podríamos desinfectar este cuerpo llamado mundo y permitir que funcione como tanto anhelamos que lo haga.
Por favor pensemos, no nos extingamos.
Sofía Vélez Terán
Bogota, 04 febrero 2011.
Vivimos en sociedades gobernadas por el bien individual en vez del colectivo, sociedades enceguecidas por el gran “yo” que se asoma en la ventana del egoísmo y la avaricia y que decide pensar y actuar en pro de él como el todo y no de todos como el todo. Sociedades con líderes hipócritas y corruptos creados por nosotros mismos, por nuestra falta de interés en lo que sucede a nuestro alrededor, nuestras pocas ganas de cambiar la realidad en la que vivimos con tal de no abandonar la comodidad de vivir en un mundo que te dice que hacer y cómo pensar.
¿Pensar? Es una palabra poco clara para nuestra alma, no pensamos, quizás repetimos, imitamos, heredamos y algunas veces miramos pero no pensamos; Y cuando lo hacemos, es un pensamiento manipulado pues solo se nos ha enseñado a pensar en la forma en que quieren que pensemos para que lleguemos a las mismas conclusiones que otros llegaron antes y así no poder ir en contra de ellos. Entonces me pregunto ¿Qué es pensar? Pensar es despojarse de los prejuicios para poder observar, pensar es intentar entender lo que veo y no lo que me enseñaron a ver, pensar es descubrir por mi propia experiencia y no repetir la experiencia colectiva o personal del otro, pensar es conversar con el alma y olvidar la razón.
Crecemos en escuelas que nos enseñan cómo seguir los caminos de la vida y no como crearlos, profesores que nos enseñan que hay una sola y única verdad y que por lo tanto las otras son erróneas, y sin darse cuenta aquellos “maestros” sembraron barreras entre nosotros y el otro; Y entre cifras, nombres y acontecimientos sólo podemos recordar que “el otro está equivocado”. Nos llaman ineficientes e incapaces si no podemos resolver un ejercicio de matemáticas mas si perdonamos a un amigo nadie nos da un 10. Se gradúan grandes jóvenes con dones increíbles para la física, las matemáticas, la economía y la política, jóvenes que lo entienden todo respecto a las leyes del mundo y del funcionamiento anatómico de los seres más extraños, jóvenes que saben hasta el más desconocido nombre de las especies marinas, y sin embargo son jóvenes que no saben amar, perdonar, pedir perdón, sonreír, compartir o respetar. Y son esos mismos jóvenes quienes gobernaran el mundo algunos años después, gobiernos llenos de expertos en el arte de la política, es decir, el arte de engañar. Y puesto que estos gobiernos son manejados por jóvenes carentes de amor, perdón, honestidad, saber compartir… sus gobiernos carecen de lo mismo.
Estamos cansados de nuestra realidad, pero se les enseñan a los niños y a los jóvenes a repetirla, estamos cansados de la injusticia pero los padres siguen siendo injustos en sus hogares, queremos que nos digan la verdad pero no somos honestos cuando se supone deberíamos, estamos cansados de los juicios del otro y sin embargo no hacemos más que juzgar, entonces me pregunto ¿Queremos cambiar o simplemente queremos quejarnos? Para cambiar hay que actuar, para quejarse simplemente hay que abrir la boca. ¿Por qué leemos artículos como estos, creemos en lo que dicen, sentimos lo que el autor siente, nos lamentamos por nuestra deprimente realidad y reflexionamos en que podríamos ayudar, para unas horas después habernos olvidado de esto y así introducirnos de nuevo a la rutina?
Muchos criticaron a Jesús, su vida de nómada mientras enseñaba de un pueblo a otro lo que los colegios y universidades de hoy en día no se atreven a mencionar; muchos lo creen un mártir, tal vez el más grande de todos los tiempos y sin embargo ese mensaje que el trajo al mundo es lo que nos permite coexistir en sociedad sin acabar unos con otros. Qué pasaría si todas esas personas que el mundo a determinado como mártires fueran calificadas como maestros y sus filosofías fuesen de preferencia en las cortes de justicia, juntas de gobierno o salas de las casa?¿ Que sucedería si dejáramos de adorar a nuestros Dioses y maestros y comenzáramos a entenderlos? ¿Porque no dejamos de invertir tiempo en nuestro cuerpo y en nuestra mente y cultivamos el alma? Quizás si dejamos de alimentar la mente y el cuerpo, y nos preocupamos por alimentar el alma también, podríamos desinfectar este cuerpo llamado mundo y permitir que funcione como tanto anhelamos que lo haga.
Por favor pensemos, no nos extingamos.
Sofía Vélez Terán
Bogota, 04 febrero 2011.
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