martes, 24 de septiembre de 2013

El jardín de las delicias



- Es una niña
Pensó cuando primero la vio. Una inocencia intrigante que sabía desconcertar su furia, su alma animal.
Ella era inquieta, atacaba la rutina con un sinfín de preguntas que desnudaban sus años cortos y piel joven. Se miraban pero no se observaban, los vientos corrían en diferentes direcciones, pero como es costumbre, los vientos cambiaron.
Trajeron aromas nuevos, mezquinos, intolerables. Venían cargados de furia, de una necesidad agotadora por encontrarse, por coincidir.
Y una noche, tan impredecible como cualquier otra, se acercaron tanto que no pudieron mentir.
Hablaron sin palabras, sin pudor, en un lenguaje desmedido, sinfónico y aterrador. 
Y sin quererlo la retrató en sus sueños, en sus fantasías infantiles, en su venenoso amor; mientras ella tejía dentro un asesinato en seco contra su propio corazón. 
Sus mentiras tan elocuentes crearon un universo inverosímil que deseaban habitar, desconectarse de ellos mismos, de sus verdades, de su inmunidad. 
El jugaba con su cabeza, con su vulnerabilidad, lo que el no sabía es que para ella, el verdadero juego era verlo a él jugar. Disfrutaba cómo un masoquista el dolor de toda su maldad, la hacía sentirse viva, contradictoria, sin más prejuicio que la misma vanidad. 
Una caricia al ego, un amor tan visceral, una necesidad de arder en el fuego, de vivir, de matar.
Siempre caminando sobre el abismo, disfrutando del vacío, la falta de humanidad.
Parecía que para ellos el odio se convertía en una forma de amar.









lunes, 23 de septiembre de 2013




"Se preguntó entonces si ella me amaba a mí, pero yo nada podía decir sobre ese punto"




lunes, 9 de septiembre de 2013

Modelo actancial

Volver. A tus manos descontroladas, a mi corazón acelerado.
Regreso, encuentro calcinante, calcinar: someter al calor una materia para que deseprenda toda sustancia volátil o se reduzca a cal viva el carbonato de tu piel, el calcio de mis huesos.
Cuerpos, conjuntos de las partes materiales que componen el organismo. 
Desnudez, evidencia, órgano: instrumento musical del viento compuesto de muchos tubos, dónde se produce el sonido de nuestro sexo jadeante, unos fuelles que impulsan el airte. Tus manos, un teclado de varios registros ordenados para modificar el timbre de voces, de los gemidos que nacen de las entrañas. Orgasmo, culminación de la exitación sexual que se evidencia por descargas musculares rítmicas en tus organos genitales, contracciones placenteras entre piernas, pedazos de carne, sensación agradable de relajación, bienestar, placidez y afecto mutuo.
Silencio, falta de ruido, abstinencia de hablar, pausa musical, cuerpos quietos, cansados y amarrados a un éxtasis sensorial.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Efímera


Y quería mentirle, huir sin decirle que necesitaba comerme su corazón, que en la distancia que separaba nuestras miradas se escondía mi soledad y que su amor incoherente era una dosis que paralizaba el dolor. Quería omitir estas mejillas sonrojadas, este deseo tan mundano, la cobardía que me ataba las manos. Y sabiendo bien las apuestas, la velocidad de las corrientes marinas y la furia de este amor, no pude contener la calma y me lancé de cabeza, teniendo la certeza de que no estaría con vos, de que tu sonrisa no brillaría para mi, ni mi cuerpo danzaría para vos.
Porque vos sos un infinito, intangible e inalcanzable, no te detengo, y si lo intento te me escurres, eres imparable. Sos un acertijo sin respuesta, y cada pregunta es una placentera incógnita que busco entre tu cuerpo. Y es que hasta tu cuerpo es un misterio, una fuente de agua en el desierto, un espejismo que me engañó, porque cada vez que te veo desapareces y cuando al fin renuncio a vos, sin razones volves, como la primera vez que llegaste, libre muy libre, imposible de conservar más de un instante.