martes, 11 de diciembre de 2012

OFELIA MALDITA

Extraño tu barba puntuda y tus manos osadas...
De blanco, labios rojos, piernas tambaleantes al verte llegar. Pensé que de esa boca jamás saldrían piropos que me intentaran seducir. Me enloqueces, no puedo ser más sincera que esto, que los sueños que se enredan de vez en cuando en mi piel, sobornando por un segundo más de placer junto a esa boca loca que me quiere devorar.
No más, quisiera desconectarme de tu sex appeal, de tu entrepierna vibrante que juega a excederse con mi niñez, con la inocencia que nunca logré dejar de tejer. Si, tu lo sabes, yo no quiero ni saber... Tus manos son prejuicios que recorren mi piel y mi agonía jadeante quiere más de ti.
Vete, vete de verdad, deja tus fantasmas en casa y si quieres volver que sean tus manos quienes me inviten a recorrer tu piel... Porque no aguanto tu olor, tu extravagante movimiento que me deja sin aliento, tu picardía, tu desquiciada mente desconectada de este patético planeta...
Sos demasiado, lujuria canina, almíbar malvado y exagerado, elixir perpetuo que se corta con mis palabras de miedo, de tenerte al fin, de que seas suficiente para mi.

sábado, 8 de diciembre de 2012

La noche me habla de vos

¿Cual fue la ley que violamos para merecer tal castigo? Yo tu indiferencia, y tu, mi loca pasión por ti. Veo pasar los carros, camionetas, tractomulas, miles de luces a toda velocidad que dejan un eco de ruido acelerado. Del otro lado de la ventana solo pasto y montañas, un cielo que arde entre los rojos, morados y naranjas. Se parece a ti, a esa fuerza salvaje de tu ser, al rojo de tus labios, al fuego de tu piel que nunca logré terminar de conocer...
Y esta soy yo, esa coreografía desordenada de vehículos ruidosos y molestos que se atosigan unos a otros. Soy ese juego de luces que flota en la oscuridad de la carretera, que con la velocidad crea imágenes extrañas e inentendibles. No entiendo, mire dónde mire te veo, me pierdo en la extravagancia del paisaje de tu cuerpo, corro entre recuerdos, entre las curvas peligrosas de esa piel que hizo aquella vez salirme del camino, perder la razón y volver a la ilusión.
¿Por qué será que lo prohibido es siempre lo más deseado? ¿Por qué será que tu nombre eriza todo mi cuerpo? ¿Qué paso ese día que me dejaste de hablar?
Tantas preguntas y tanto tiempo dando vueltas sobre el mismo círculo, veo las respuestas pero no las entiendo, no las quiero entender. Son como los transeúntes afuera, veo sus bocas moverse pero no logro escuchar una sola palabra. Entiendo tu silencio pero no logro explicarlo, respeto tu distancia pero te quiero sin ropa en mi cama.
No me condenes a tu indiferencia y no te condenaré a mis versos, no me condenes a tu ausencia y no te condenaré a mis excesos, solo a la manía de tocarte la piel, al placer de sentir la luna en la boca, al vino caro, a la luz azulada y un español sonando en la madrugada.
Comenzó a llover, de repente, tan de repente que me asustó, como me asusta el no saber de ti, de tu nueva vida, de tu nuevo amor. Muchas veces imagino que voy por la calle y te veo. Son las seis y media y hace frío. Nos tomamos un café y deambulamos por la ciudad, reímos, fumamos y jugamos... Y no te vas a casa, te escapas como solías hacer, me escapo como solía hacer, no se a dónde, tampoco se como, pero si se cuando: nunca otra vez.
Estoy tan segura que leerás esto, siempre te gustó leerme, te encantó esculcar entre mis textos buscando algún verso desquiciado que te sedujera. También estoy segura que no dirás nada, una vez más te reirás en donde sea que estés cuando lo leas, recordaras esa luna llena, los besos, la borrachera, la mañana loca y mi agonía, entonces pensaras que es para alguien más y después harás ese gesto tan particular que solías hacer cuando algo no te gustaba... y volverás a lo de siempre, a los mensajes sin respuesta, a los buzones vacíos, a las llamadas no atendidas, a pasar la página, cerrar el libro y olvidar tus recuerdos de nuestra infantil fantasía.
Buenas noches luna mía, puedes huir, correr, incluso intentar desaparecer, pero no podes ni podrás arrancarte de mis textos, de mis versos, del inconsciente que te deja entrever mi rostro de vez en cuando todavía.