No entiendo si sube o si baja, no entiendo si está al derecho o al revés, no se si es virtud o pecado, no se si será la vejez. Me asusta tu cara en la mía, esa extraña manía de apreciar tu desnudez, la incapacidad de ser fría y la cara osadía de enfrentarme a la ausencia de tus manos y pies.
Se entumece mi espalda y sin precisión, diviso tu cara y respiro tu humor. Se escucha la radio, mi estufa y tu padre, a lo lejos mi casa, a la izquierda tus planes.
Las veredas, los pastos, los tombos de ayer, dos pruebas de alcoholemia y gemidos en la chaise d’arriere.
Se atan los cabos sueltos, comienzo a entender, baja poco a poco la neblina y me río sin querer. No se si fuiste tu si fui yo, si fue el majestuoso cocora, el exeso de frío, el sonido del obturador, no se si estoy preparada, no se si es temor, me siento tan renovada, tan libre, tan YO.
Los frenos del carro, el cielo multicolor, villancicos en coreano, japonés, español. Tengo tus manos rojas cubiertas de calor, tus zapatos favoritos, mi perfume prendedor. Tienes atornillados los tobillos al pantalón, sabes a bocadillo y sueñas con mi voz, tenemos la luz del vecino, la cama de tu hermano, la noche partida en dos.
Fue tan fuerte el deseo de recorrer mi viejo sol, fue tan triste el camino, tan ajeno el camión. Fue tan dura la espera, tan largo el corredor, tan enceguecedora la luz de afuera, tan sórdida esa otra voz. Fueron tantos los crueles, tan pronto el sarampión, tan ajenas las pieles, tan escondido el amor. Fue tan sola la niña, tan llena de ardor, tan frágil criatura, tan llena de horror…
Fue tanto el olvido, fue más duro el parto, fueron profundas las heridas, fueron cascadas de llanto. Fue tan poco el entendimiento, tan nublado el cuarto, fueron mil quinientas preguntar sin siquiera un entreacto, fue morir de locura, crecer sin reparto, compartir con el espejo, renacer en otros brazos…
Es tan alta tu dulzura, tan luminosos tus ojos, es tan grande tu cama, está tan cerca tu rostro. Es tan buena tu almohada, es tan suave tu nido, es tan buena esta calma, tan lejos el frío.
Fue tan larga mi espera mas eterna es tu mirada, fui tan muerta, tan tuerta, pero hoy volví a ver el alba. Fue el furor de tus dedos, el silencio de tu casa, mi alma tan tuya y sin excesos, tu boca tan melcochada. Fue el calor de tu cuerpo, las piernas entrelazadas, fue amarte sin miedos, sin enigmas y sin paradas, fue volver al primer tiempo, al corazón entero y sin cuchilladas.
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