lunes, 12 de diciembre de 2011

Libertad de fresa.

Este frío intrépido que recorre mi cuerpo, esta sonrisa tatuada en tu cara y la mía, esta osada fantasía...
Esta soledad adormecida, la timidez de tu rostro a contraluz en la avenida, las palabras nunca dichas en perfecta sintonía, los planetas alineados en contravía.
Mis manos frías, tus ojos secos, las horas infinitas que habitamos en tu casa, en la mía, en la tierra que ruge de alegría.
Lluvia de colores, armonía de olores, sabores que hipnotizan y suavizan la corteza dura y amarga de la experiencia mal vivida.
Los balcones de las fiestas, el miedo y la cerveza, tu cálida inocencia, hermosa coincidencia...
Se cae la luna sobre mi cabeza, se alzan las anclas de la tristeza ¡Que comience la fiesta! Que se caigan las mentiras, hay una voz gritando CONFÍA, hay regalos llegando en la sequía, están tus dedos de sandía y ese lunar fotocopia mía.
Está tu nombre, ocho letras impresas en cortinas que esconden tu esencia, tu presencia en este bosque de sorpresas, un dulce susurro que despierta, un LIBERTAD en la glorieta.
Hay mucho tráfico, poca natilla, exceso de trabajo y frío sin caricias.
Quiero tus ojos, tu boca, tus silencios inexplicables y tu risa descontrolada, quiero levantarme y verte la cara, oler a ti, a mi, a los dos...
Al perfume de alexandría.

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