sábado, 20 de julio de 2013

Déjame dejarte ir



Mentí, mentí sin saber que era a mi quien engañaba, lo supe desde el principio, simplemente no lo quise ver. Te veía a ti, y me perdí.
Si comprendiera la luna la necesidad de decir adiós, de dar la espalda y caminar, me pierdo... No me mira la ciudad, amanece y tu cara se desvanece con el viento, las calles se ven distintas, no parece haber armonía, se me desgarra la sonrisa y se detiene el tiempo. Necesito salir de la realidad, sentir que todo vuelve a la normalidad, volver a empezar.
Déjame decirte algo, déjame dejarte ir. Mi libertad nació en tu boca, la propiedad para caminar se extiende a esas noches que no supe que hacer pero me decidí por ti, por vos, por ese amor que no podía detener.
No sabía, No entendía, no dimensionaba todo lo que pasaba dentro. Las palabras se acercaban apenas siquiera al frío que se adentraba en mi piel cuando te veía y no sabía que hacer, no quería hacerte daño, quería hacerte fuerte.
Quería que vivieras, que sintieras, que fluyeras. Te voy a entrañar cuando llegue la soledad, no vas a estar y no te culpo. Mi instinto ya no sabe que hacer, la vida es diferente, las dudas ya no me defienden, es inevitable si me extrañas, será tarde, oscuro y confuso, no volverás.
Quisiera un poco más de tu locura, conocer tu corazón pero no dejas, desapareces cada noche, te esperaría la madrugada entera para tenerte la mañana plena.
Pero debemos partir, esconder la mirada, detener la versión mejorada de esta vanalidad que ya murió.
Hace frío, más cuando vas entre la gente, cuando veo nacer una sonrisa un recuerdo de tu mano se incorpora y me pierdo, me pierdo otra vez pero ya se volver.
Volver a mi, lo desconocido se volvió familiar y comprendí la fuerza que crece dentro. No me detengo, ya no puedo hacerlo.
Ya no digas nada más, ya veo como te vas, allá y tan allá no se ve mal, esta bien, todo esta bien.

martes, 9 de julio de 2013

Tráfico Mental


No puedo detener esta necesidad de adherirme a vos.
Pierdo el equilibrio, se contraen mis músculos, me pierdo en otro universo.
Tienes un efecto letal, una muerte libre que me tiene delirando.
Tu boca es un capricho infantil que no pienso abandonar, pasiones asesinas que logran quemar los miedos escondidos.
Quiero correr y correr, no me quiero detener, quiero ir como el viento, violenta, rápida, suave pero cortante.
Hoy veo la ciudad, está viva, me habla: Me grita. Está invadida, saturada, explotada.
Estoy sumergida en la intensidad de la vida, un que se yo lleno de euforia.
Con vos me siento viva, auténtica, sincera, me siento lejos, arriba, me elevo.
Una maestría en los caminos de la vida, un quizás que se detiene en un nunca, un adiós que termina en un hasta luego, hoy tengo fe, hoy creo.
Son días que no voy a olvidar, siento mi sangre correr por las venas enredadas a mi cuerpo, la adrenalina que se filtra por los poros de mi piel, como tus labios húmedos que marcan el cuerpo.
Hay cosas que te ayudan a vivir, yo quiero escribir, escribir, escribir.
No comprendía la juventud de este cuerpo, su fragilidad que fortalece cada hueso, la intensidad de mi ser, la profundidad de mis silencios, la necesidad de hablar, gritar y reír, de permitirme ser.
Acá estoy, dónde un día quise estar, danzando sobre mi presente, mío y de nadie más.
Sonrío con gratitud, se siente bien, me lo merezco, me lo gané.

domingo, 7 de julio de 2013

La luna llena



http://www.youtube.com/watch?v=9vfJ29RJU2w

Ya no es la página en blanco en frente de mis dos ojos, ya no son esas hojas de papel arrugadas y garabateadas, ni conversaciones a medias, ni retazos virtuales de tu ser. 

Se apaga la luz de la habitación, esta vez no iré a dormir, no volveré a la rutina nocturna de imaginarte, de viajar en versos por tu nuca, deslizarme en silencio por tu pecho ausente, esta noche la única poesía es tu delicado cuerpo que se balancea inquieto por mi balcón. 
Cierro la puerta de vidrio que nos aleja de la austeridad de las paredes blancas de mi apartamento, me recibes con la misma sonrisa que me enredó a tu ego hace mucho tiempo atrás.
Hace frío, lo veo en tus brazos erizados y en mis manos congeladas. Apenas respiro; No porque me falte el aire, sino por miedo a perderme en lo profundo de tu aroma. Sigues sonriendo, no puedo evitar perderme en esa boca y sin siquiera pensarlo mis labios están tan cerca de los tuyos que puedo sentirte respirar. Busco en tus ojos algún signo de aprobación pero ellos me reciben con expectativa. Acaricio con suavidad el pelo que cubre tu pecho endurecido, me despabilo y comprendo la energía explosiva, casi peligrosa que producen nuestras pieles con el mínimo roce. Dejo caer lentamente sobre tu boca mi lengua húmeda y un poco alcoholizada; juego a dibujar con mi nariz figuras circulares en tu frente, tus pómulos, tu mentón y llego hasta tu cuello. Me dejo tentar por la suavidad de tu piel y desciendo sin agonía hasta tu pecho, mientras las yemas de tus dedos acarician mi cabeza. No me asusta el misterio de tu cuerpo, soy una niña inquieta y esta vez lo que único en lo que puedo pensar es en el placentero recorrido entre tus curvas y mi boca perversa. Mis manos aprietan tus costillas, inhalas aire y un delicado sonido brota de tu boca, boca que vuelvo a besar sin detenerme.
Nuestras pieles siguen erizadas pero esta vez el frío ya no es el culpable, nuestros cuerpos hierben, se enciende el fuego de tantas noches lejos, el tiempo acumuló un sinfín de sensaciones que hoy florecen a la luz de esa luna desgarradora, cómplice nuestra.
Sujetas mi cintura con tus manos, cierro entre mis dientes tu labio, derrumbo mi cuerpo contra el tuyo, me atacas con tu mirada y la furia de dos animales se verbaliza en cuatro manos alocadas y ropa que va quedando regada en el piso húmedo, tan húmedo como tu sexo que se derrite entre mis dedos. Siento el temblor de tus piernas, lo vulnerable de tu ser. Mi feminidad en su máximo esplendor que solo vos sabes hacer relucir, esa que vos me hiciste descubrir.
Ahora estamos en mi cama, la luz azulada que se filtra por el vidrio me deja apreciar tu cuerpo semidesnudo, me tomo mi tiempo para disfrutar de esa ficción documentada por no más que mis ojos, acaricio tu abdomen mientras tu rostro extasiado se retuerce sobre mis sábanas, saboreo la canela de tu espalda, de tus piernas.
Te das vuelta y me miras, lo único que escucho decir es un “niñita” lleno de picardía. Abordas mi cuerpo como explorando un mar lleno de olas que te ahoga entre mis piernas. Me estremezco, te estremeces. Te miro y me encanta lo que veo, me sientes y te encanta sentirlo, es una lujuria gloriosa, dolorosa y placentera, fulminante.
Ya no hay piedad en las venas, cobardía ni vergüenza.
Quito el último pedazo de algodón que cubre la estela de tu cuerpo en movimiento. Aprieto mi cuerpo contra el tuyo, nada más dulce que tu rostro jadeante encima del mío, no hay palabras que den al lugar, entre gemidos vivimos con intensidad el magnetismo animal de nuestro cuerpo, unido, entrelazado, friccionado por el contraste de mi blancura. Cada vertebra se asfixia, se desgarra, mueren y reviven las partículas de nuestra piel que inunda la habitación con un aroma tan grato que sería pecado conservarlo para siempre.
Llega la madrugada y llegamos con ella. Y ahí estas vos, frágil, ligera y casi volátil, acurrucada en mi costado, a mi cuerpo fragmentado en cada cuadro que hasta que salió la luz muy libres retratamos. 

viernes, 5 de julio de 2013

Rapsodia de una Melancolía

Escribir... Gastar mi tiempo pensando en esas fotografías mentales de tantas noches que no tuvieron final...? Desconectarme del planeta para poder volar hasta ese pasado, impregnado de esa piel canela, del cansancio que se dejaba vencer por un elixir perpetuo y desenfrenado, por cinco minutos que se alargaron en un par de horas, horas que quisiera se hubieran convertido en noches, largas, casi interminables.
La utopía de la eternidad materializada en tus labios se hace evidente en segundos que, paradojicamente, se eximen de tiempo, y se condensan en líneas incoherentes de todo aquello que se deja filtrar en lo profundo; lo efímero que se venga del tiempo, un tormento que se levanta como el olimpo de sentimientos que fluyen en vos, en mi, en ese nosotras que nunca conocí.
En lo efímero de tus dedos en mi en vos.
En la armonía de esa boca loca, de esa necesidad de que no pasen las horas. Respirar, volar entre nubes, sentir el vacío que nace entre tus piernas y termina en mis manos nerviosas, torpes, descontroladas.
Y me convertí en letras en medio de una necesidad iracunda de entrar en vos.
FIN

Vosyo

lunes, 1 de julio de 2013

Mutando, segunda parte.

Hoy las palabras no describen a ciencia cierta lo que pasa dentro mío.
Hoy no me entiendo, mi día está subordinado a un sinfín de sentimientos inexplorados, inéditos, poco tangibles pero densos. Son efímeros, se pasean sobre mi como aire, como una corteza frágil que muta entre matices que desconozco, que desprecio y a ratos deseo.
Estoy mutando, de nuevo y con más rapidez que un río enfurecido; Soy poco y soy tanto, soy frágil y de tanta fragilidad nace una fuerza irreverente que se asoma ante un mundo nuevo, frío y seco que me ahoga y me libera.
Estoy cargada de energía, un corto circuito a punto de estallar, una destrucción tan dañina que me alivia el dolor anestesiado que crece dentro mío.
Intento perderme de nuevo, ahogarme para poder respirar. Mis pulmones están ahumados, se revientan, se cierran, pero pronto voy a respirar, lo sé, lo veo venir pero esta vez lo espero con ansias; Me tiro al vacío segura de saber que voy a regresar a ese lugar, pero quiero saborear la caída, la adrenalina pura de la vida, el agudo quizás de no saber, no creer, no avanzar.
Estoy flotando ante la inmensidad de un futuro indeterminado, es un elixir perpetuo, una condena grata de pagar.