martes, 9 de julio de 2013

Tráfico Mental


No puedo detener esta necesidad de adherirme a vos.
Pierdo el equilibrio, se contraen mis músculos, me pierdo en otro universo.
Tienes un efecto letal, una muerte libre que me tiene delirando.
Tu boca es un capricho infantil que no pienso abandonar, pasiones asesinas que logran quemar los miedos escondidos.
Quiero correr y correr, no me quiero detener, quiero ir como el viento, violenta, rápida, suave pero cortante.
Hoy veo la ciudad, está viva, me habla: Me grita. Está invadida, saturada, explotada.
Estoy sumergida en la intensidad de la vida, un que se yo lleno de euforia.
Con vos me siento viva, auténtica, sincera, me siento lejos, arriba, me elevo.
Una maestría en los caminos de la vida, un quizás que se detiene en un nunca, un adiós que termina en un hasta luego, hoy tengo fe, hoy creo.
Son días que no voy a olvidar, siento mi sangre correr por las venas enredadas a mi cuerpo, la adrenalina que se filtra por los poros de mi piel, como tus labios húmedos que marcan el cuerpo.
Hay cosas que te ayudan a vivir, yo quiero escribir, escribir, escribir.
No comprendía la juventud de este cuerpo, su fragilidad que fortalece cada hueso, la intensidad de mi ser, la profundidad de mis silencios, la necesidad de hablar, gritar y reír, de permitirme ser.
Acá estoy, dónde un día quise estar, danzando sobre mi presente, mío y de nadie más.
Sonrío con gratitud, se siente bien, me lo merezco, me lo gané.

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