No puedo detener esta necesidad de adherirme a vos.
Pierdo el equilibrio, se contraen mis músculos, me pierdo en
otro universo.
Tienes un efecto letal, una muerte libre que me tiene
delirando.
Tu boca es un capricho infantil que no pienso abandonar, pasiones
asesinas que logran quemar los miedos escondidos.
Quiero correr y correr, no me quiero detener, quiero ir como
el viento, violenta, rápida, suave pero cortante.
Hoy veo la ciudad, está viva, me habla: Me grita. Está
invadida, saturada, explotada.
Estoy sumergida en la intensidad de la vida, un que se yo
lleno de euforia.
Con vos me siento viva, auténtica, sincera, me siento lejos,
arriba, me elevo.
Una maestría en los caminos de la vida, un quizás que se
detiene en un nunca, un adiós que termina en un hasta luego, hoy tengo fe, hoy
creo.
Son días que no voy a olvidar, siento mi sangre correr por
las venas enredadas a mi cuerpo, la adrenalina que se filtra por los poros de
mi piel, como tus labios húmedos que marcan el cuerpo.
Hay cosas que te ayudan a vivir, yo quiero escribir,
escribir, escribir.
No comprendía la juventud de este cuerpo, su fragilidad que
fortalece cada hueso, la intensidad de mi ser, la profundidad de mis silencios,
la necesidad de hablar, gritar y reír, de permitirme ser.
Acá estoy, dónde un día quise estar, danzando sobre mi
presente, mío y de nadie más.
Sonrío con gratitud, se siente bien, me lo merezco, me lo
gané.

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