
Me asusta como he cambiado, me asusta como te extraño. El espejo se ha vuelto un ausente matutino al cual ya ni miro, literal. Presentía que las cosas iban a llegar a este punto, presiento que irán más profundo, pero ya no se como detenerlo. La verdad es como un ancla que me ahoga en la veracidad del tiempo y la fantasía se convierte en un idilio inalcanzable. Lloro, ni siquiera comprendo el porqué de mis lágrimas, saben a sal, a ti, a tu maldita ausencia sin nombre propio. Tengo las manos frías ¿y el corazón? Se me olvidaba, todavía tengo corazón.
Martes 27 septiembre 2011
1:37 am
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