
Me altera la capacidad que tienes para esconderte entre líneas. ¿Dónde puedo verte de nuevo sino en mis versos? Tan sencillo como cerrar mis ojos y delinear tu silueta en silencio. Tengo que aceptar que me equivoqué y de la peor manera, ¿sirve eso de algo? No se, contigo nunca se sabe... Me aterra lo incoherente de tan breves episodios que compartimos, pero me cautiva ese descontrol frenético que se activa con tu presencia, dejo de ser yo, o ¿será que comienzo a serlo? simples especulaciones, siempre acostumbrada a las seguridades que traen paz, al compromiso inherente entre dos cuerpos, y sin embargo nuestros inesperados encuentros me saben a libertad.
Sin palabras, me dejas sin palabras simplemente y me preocupa, porque conozco ese inexplicable silencio en mi mente y esa avalancha de ansiedad que quema mis entrañas, y sinceramente no se que hiciste para merecer ser musa de mis pensamientos. Al menos sé que también soy fantasma, opaco y fugaz, pero logro revolcar tu mente así sea por algunos segundos, no me digas que ya te olvidaste de todo, porque se que no lo has hecho, así como sé que tu indomable orgullo no permitirá que me vengas a buscarme. Lo sé, lo sé, las cosas no tendrían porque ser así, pero me descontrolé y te quemé.
Quizás no fue sana la luna, somos dos fieras salvajes, entiende que el trago y la locura fueron peones de este desastre. No me condenes a escribirte, dejame mirarte, no lo pienses tanto, dejame tentarte.
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