¿Hasta cuando vas a controlar la furia inmortal que te
engancha a mi ser?
Te vas a negar el encanto que te produce mirar mi piel…
Será un deseo desafinado, fuera de foco y desorientado, que
se pasea en las arterias de este corazón envenenado… Sabrá la lujuria que el
tiempo aún no ha llegado, que el pecho se me endurece, que la conciencia no da para tanto.
Me queda el silencio agudo, austero saludo que se limita a lo que debe ser.
Cuanto durará la aurora que se levanta entre lo alto,
Se irá primero que el suave amarillo tono de tu regazo
No intentes seducirme, no me hagas daño,
Olvida la picardía que te producen mis ojos pardos
Para que la angustia no venga saltando, con vasos rotos que
cortan las manos
Trayendo ráfagas locas de una noche en blanco, que
enclaustra la nostalgia de no haberte encarado
Tortura mezquina que me sabe amargo, copa de vino que cuelga
de mi mano
Vacía y manchada, redonda y pesada, la grande condena de
está noche estrellada.

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