viernes, 12 de agosto de 2011

Entre comas.


Ya no hay nada que decir, es increíble como tu mirada se comió todas mis palabras. No es que te hayas robado mi inspiración, por el contrario, es como si la poesía se hubiera hecho carne y para que escribirla si puedo tocarla. La magia existe solo hay que encontrarla y yo la descubrí entre tus brazos… Condensé un millar de preguntas, acertijos sin respuestas, líneas sin sentido que terminaban en tres eternos puntos suspensivos, ahora al final hallé esas palabras que se ausentaron por tanto tiempo al final de mis largos recitales, esa respuesta inexacta que flotaba en mi mente, en mi cuarto, en mi alma. Y ahora que la tengo, no logró terminar con esa historia que como un día dijiste estábamos escribiendo juntos. Fui a buscar un final para nuestro libro, una frase que cerrara esta trilogía y así poder archivarla junto a tantas otras más que se acumulan en la repisa de mi biblioteca. Y aunque lo intentamos, solo pudimos terminar un capítulo más e iniciar otro del cual no tenemos idea en que continuará… Otros tres puntos suspensivos que sabe Dios cuándo terminarán en un punto final. Es como un torbellino de sentimientos, una hoja más que voltear y otra en blanco que se asoma al absurdo del porvenir, tanta tinta en el tintero, tantas ideas corriendo por el viento y nosotros sin poder escribir, o bueno, eso creo yo. Y ahora vuelve y comienza esa rutina sin fin, encontrarnos en los sueños y vivir hasta que despertemos, olvidar, dejar para algún día volverlo a recordar, para volver a crear… Dejarnos para tener la esperanza de algún día volver a encontrarnos.

Miedo, nuestro eterno enemigo, lo sabes bien. Ráfagas de felicidad consumidas por gritos de angustia, cigarrillos llenos de paz y botellas de wisky que impidan recordar. Piérdete niño, vuela tan lejos como puedas pero no olvides que mis manos son tu camino de vuelta a casa. Cántale al mundo, pronto me volverás a cantar a mi. Yo correré, conoceré el universo y sus maravillas y un día en tableros de corcho estarán mis fotos y tus entradas a la opera de parís. La luna no se caerá, la tocaremos una y mil veces hasta no poder más, los caballos galoparán en el jardín y Mozart no dejará de sonar. Pintaré tu cuerpo al amanecer, los óleos se pelearán por un lugar en el taller y mil lentes no serán suficientes para capturar la eternidad de nuestras almas hechas una de nuevo.

Viernes 12 de agosto del 2011, 3:52 AM.

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