Te vi anoche entre mis sueños, eras tan real, tan vivo. Tus manos parecían manos, tus ojos me miraban como ojos y tu boca igual de suave y delicada. Todo era tan real, tu casa y tus padres, ese frío loco que corría por mi espalda al verte y el vació en el estómago de imaginar lo que sería perderte. Te vi y si hubiese estado ciega te hubiese visto también, podía sentir esa magia que producen nuestras soledades al juntarse, tu aroma y tu presencia son inconfundibles, sí eras tu mi vida, éramos tu y yo, yo y tu.
No se si en realidad habrá sido un sueño, la verdad ya no se si sueño, me parece más bien que simplemente me pierdo en mis pensamientos hasta que la luz del día me vuelve a tierra y me abra los ojos a la realidad.
Y ahora me pregunto ¿Dónde estás? ¿En que rincón del universo te has escondido? Tus manos ya no son tus manos, tus ojos divisan otros horizontes y tus labios pierden el sentido de una línea. Y ahora ¿A quien le hablo? ¿Con quien realizo todos aquellos sueños que un día soñamos? ¿Qué le digo a Paris que se quedó esperándonos?
Camino por la vida como atravesando un desierto, camino sola pero veo tus huellas que se marcan en la arena, caminas conmigo pero no estás, no se si camino contigo o con el rastro de lo que fuiste, no se si te persigo o si me persigues tu a mi, cada vez que te dejo ir regresas corriendo, cada vez que corro hacia ti te esfumas sin decir una palabra.
Me he acostumbrado a tu recuerdo, creo que lo tengo secuestrado, creo que por eso ya no eres el mismo, porque lo que fuiste, lo que fuimos lo tengo bajo llave en un cajón de mi cuarto, quizás algún día te lo devuelva, quizás no sea muy tarde, quizás ese día tus ojos me miren como ojos de nuevo.
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