sábado, 3 de agosto de 2013
Volver
Gritaré al acantilado, bailaré en la niebla densa, arrozada por un frío de invierno presente; Se mojará mi rostro con la brisa del mar, con las lágrimas que la humedad de aquella ciudad secará.
Aquí voy otra vez, a pararme frente al abismo, sentir la vida pasar en un centenar de miradas que saben reconocer quien soy, que me devuelven ese pedazo de corazón que afianza unos días más con la frente en alto.
Nunca lo planeo, llega así, sorpresivo, preciso, necesario.
Caminaré sus calles, me deleitaré con sus manjares, sus mañanas lentas y las noches ajetreadas.
Su cielo gris, imponente, su mar infinito, casi inmortal.
Nunca he contemplado tanta belleza junta, la vida parece real, vale la pena vivir sobre esas montañas de arena, el fétido olor de la mañana me causa una euforia difícil de describir, perfecta.
Vuelvo a casa, al vientre, a las raíces de este ser. Vuelvo a mi, a la esencia que habita allí, al elixir de esta eterna juventud.
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