miércoles, 21 de agosto de 2013

Un vaivén de emociones

Estuve lejos, muy lejos y a miles de kilómetros pensaba en ti.
Que papel juega la distancia cuando llevo tu mirada impregnada en mis ojos.
Miraba al mar, quieto, tranquilo, estaba esperando pero no se que esperaba, era indescifrable, como vos.
Las olas venían y chocaban, la brisa mojaba mi cuerpo, la humedad invadía la ropa y te sentía en un torbellino de viento que me daba vida, te respiraba.
Y detrás, justo detrás, el gran abismo, la tierra descubierta, seca, y en medio de esa azul infinito y la inmensidad de la montaña, estaba yo, tan pequeña, tan frágil, sin inmunidad alguna.
Caminé durante horas, días, el cielo tan gris como cada invierno, el frío más penetrante que nunca, la neblina densa y espesa.
Y de pronto te vi, tan presente en la ausencia de no tenerte, tan real la fantasía de volver a verte, parecía un juego, una metáfora, un vaivén de emociones que no deja de ser.

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