miércoles, 4 de marzo de 2009

A toda velocidad

Aquella mañana parecía igual que siempre, era el mismo cielo el que me cubría y todavía seguían allí las cuatro paredes que noche tras noche contemplaban mi fatigado cuerpo caer exhausto entre cobijas y sabanas. Abrí los ojos y respire el fresco aire que entraba por la ventana, algunos pasos hasta el baño y una mirada tímida frente al espejo confirmaron mí deprimente realidad, era yo quien se reflejaba en el gran espejo.

La esperanza de una vida nueva o un día mejor fueron arrasadas por aquella imagen que se reflejaba en esa superficie lisa y brillante. No fue difícil entender que no seria un buen día y que antes de intentar evitarlo ya estaba rendida a los pies de la tristeza y la nostalgia. Tenia la mirada firme en aquel espejo, esperando quizás que me mostrara algo mejor, algo que me agradara o tal vez algo diferente… pero una vez mas era yo quien quedaba grabada en aquel pedazo de vidrio y metal.



No tuve más opción que guardar aquella frustración entre tantos sentimientos que tenía guardados y continuar la rutina matutina. Rodé las manijas de la ducha hasta que saliera bastante agua y la deje ahí para que se calentara mientras escogía algo decente con que presentarme en mi trabajo. Me probé una y otra cosa pero no me hallaba, tenia tantas cosas en la cabeza, tantas preguntas sin respuesta y tantos problemas sin solución; me pareció que necesitaba sentarme por un momento y respirar, y con un suspiro alejar todas esas cosas que rodeaban mi cabeza y la dejaban tan cargada que no podía ni pensar.



Camine hasta el sillón marrón que adornaba mi pequeña sala y me deje caer sobre el y sin piedad estreche mis manos entre los cojines de aquel sillón, sentí mi piel erizarse y lagrimas deslizarse por mis mejillas. Que difícil era sentirme derrotada frente a un mundo lleno de frialdad y crueldad, estaba cansada de mi misma, de mi imposibilidad para cambiar las cosas y de mi falta de persistir en mis decisiones; solo me dejaba guiar por la nostalgia y el dolor que me traía aquella despedida, aquella tarde donde sentí haber estado muerta en vida, aquella tarde donde se congelo mi corazón y se perdió mi alegría en alguna pacillo de ese lugar, lugar que ni el nombre quiero recordar…

Me había dejado ganar por la soledad de mi habitación y por el rencor con la vida, había perdido la noción del tiempo, se habían desteñido los colores del día y sin darme cuenta había perdido lo mas lindo de mi ser, mi sonrisa.

ESCRITO JUNIO DEL 2009 EN LIMA-PERÚ

1 comentario:

  1. Esos extremos que nos lleva a buscarnos y finalmente encontrarnos.

    Si, tu sonrisa es lo mas lindo de tu ser.

    Santi

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