
Es tarde, su majestad bajó a dormir dejando a cargo a la pequeña para que nos acompañe como cada noche, iluminando la habitación desierta. Siempre me arrulló la música del casset de letra infantil que mamá con amor encendía a las 8:00 de cada anochecer, ahora, son los latidos del corazón y el estruendoso eco del silencio quienes remplazan aquella melodía recordándome que el tiempo corre y yo sigo con vida. Llueve, llueve fuerte, el agua golpea las ventanas, moja la tierra, ahoga a los pobres, inunda los cauces; el cielo está llorando, llora como mi alma llora, lloran de rabia y tragan amargo el precio de vivir amando.
Cierro mis ojos, algo me abraza fuerte, me eleva a lo alto, junto al firmamento y a la pequeña que sonríe intimidada; Nuestro llanto me dejó empapada, yo era el retrato de una tormenta de invierno, una magdalena que caminaba en la nada, contemplando la locura de respirar niebla intoxicada por la lujuria del hombre, los corazones de piedra, las lenguas maliciosas y el rencor del hermano.
Sentada al borde del claro de una luna que consuela mis penas con caricias de espuma, que sana mi herida con su inmensa blancura y me tiñe de blanco, me hace transparente criatura.
Y en pleno trance, mis ojos se asombran de ver miles de vidrios esparcirse alrededor, se juntan y se juntan formando una placa, un espejo quizás. No tuve intención de cogerlo, estaba anonadada pero el llegó hasta mis manos y mis dedos lo cerraron con fuerza como si no quisieran soltarlo nunca.
Mis ojos se concentraron en aquel espejo, bendito y hermoso espejo, y de los extremos empecé a ver como tus delicadas manos se acercaban a mi rostro y secaban mis lágrimas, y como tus labios se acercaban a los míos rozándose, reconociéndose, hasta quedar el uno junto al otro aferrándose tan fuerte que si alguien hubiera querido jamás hubiera podido separarnos…
No miré al lado, no intenté ver si realmente estabas ahí, solo miré el espejo porque sé que es tu recuerdo el que me acompaña como mi sombra, sé que es eres tu, que aunque enterrado te encuentras, te escapas de la tumba para volver hasta mi, eres como el aire que respiro, sé que estas pero no te diviso.
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